miércoles, 11 de mayo de 2011

Teoría vorticial, ¿hemos descubierto el lenguaje de Dios?

A comienzos de la década del 2000, el científico Russell Moon dio a conocer su nueva versión del Universo en que habitamos, la cual ha ido cobrando forma a lo largo de estos años y que debería suponer la unión definitiva entre física clásica y cuántica, la tan esperada Teoría del Todo. La llamó Vortex Theory (“Teoría del vórtice” o “Teoría vorticial”).

Básicamente, la nueva teoría nos dice que el Tiempo no existe como tal, que se trata de la manera en que se manifiesta el movimiento de todo lo que existe. Un ejemplo para comprender tal idea surge de imaginarnos que, de repente, se parase absolutamente todo en el Universo y que posteriormente se reanudara el movimiento, ¿seríamos capaces de decir cuánto tiempo duró este parón? La respuesta es no. Tiempo y movimiento serían lo mismo.

Al mismo tiempo, Russell propone que invirtamos los conceptos que tenemos asimilados: la materia no está hecha de algo, sino que es vacío, y el espacio no es vacío, sino que está hecho de algo. Es decir, las partículas son agujeros en el espacio y es de esos agujeros de donde surgen las energías que conforman el Universo. Así que sólo existe el espacio y sus movimientos son los que dan realidad a las cosas. Y tal movimiento se da en espiral, formando vórtices. No hay nada en el Cosmos que siga una línea recta, algo que concuerda perfectamente con la imagen de la Teoría de Cuerdas según la cual la esencia de todo son unos hilos vibrantes de energía.

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