Muchos dicen que el país no avanza debido al gobierno que tenemos; algunos que la culpa es de una oposición desorganizada, y otros simplemente viven antiparabólicos respecto a cualquier cosa. Yo soy de los que piensan que los verdaderos responsables somos nosotros mismos. Ya lo hemos hablado antes, pero el fenómeno parece nunca detenerse y siempre hay un temita nuevo, o en este caso, una moda.
Si con el Blackberry no hubiese sido suficiente (y aún no lo es), ahora la cosa pasó de lo tecnológico a lo… ¿hidratante? A las bebidas pues. Hablaré de dos modas ridículas, o así las encuentro yo, que siguen demostrando por qué la idiosincrasia venezolana nos coloca, lastimosamente, como líderes absolutos en estupidez (siempre gracias a una minoría, por supuesto).
Esta moda se divide entre dos tipos de adeptos:
Primero, los que solamente conocen el logotipo de la marca, pero ni siquiera saben qué es; estos sujetos han rotulado el logo en las puertas de sus vehículos, se han tatuado, pegado calcomanías, y lo más importante: han permitido a muchos buhoneros batir récords al vender franelas y gorras con el logotipo, sin ellos mismos saber lo que están vendiendo pero que popularmente ofrecen como “la garra verde”. Dentro de esos mismos adeptos, están los que se consideran superiores y van más allá; algunos pagan hasta ¡mil bolos! (un palito pues), por una franela “original” de Monster Energy. Lo peor es que juran y perjuran que se la están comiendo.
Segundo, aquellos que “consumen” la bebida, haciendo alusión a “un elixir mágico sin precedentes, nunca antes visto”; ¡Es una simple bebida energética! Existen más de cien marcas diferentes.
En un local nocturno de la ciudad, venden una lata de Monster en Bs. 100, un robo de frente y sin pistola. ¿Saben cuánto cuesta una lata de Monster fuera del país? Entre uno y d
os dólares, dependiendo donde se compre; es casi el mismo precio del Red Bull y ambos saben prácticamente igual, pero claro, el estatus cuesta dinero, ¿no? Y más si crees estar tomando algo galáctico, por encima de lo demás, así desconozcas el trasfondo. Dicen que la ignorancia hace la felicidad; de ser así, muchos están siendo felices.
Aunque la moda llegó hace muy poco al país, todo comenzó cuando en 2009, Paulina Rubio estrenó su video “Ni rosas, ni juguetes”, en donde aparece tomándose el vodka (¿o la vodka?) Nuvo. Ya por acá denominan a esta bebida como “la de los artistas”, cuando es probable que a Paulina simplemente le gustó el diseño de la botella y por eso decidió incluirla en el video; si se fijan, tiene un aspecto que más que una bebida, parece un perfume. Como salieron un par de artistas más consumiendo esta bebida que echa burbujitas (y garantiza los gases), sumándole su costo realmente asequible, entre 20 y 30 dólares (eso no suena a lo que gastaría un artista tan famoso por un licor), vino a parar acá, sin razón alguna, pero ahora “la idolatran”, como todo.
Volviendo al tema idiosincrático, muchos en MercadoLibre están aprovechando de vender la botellita entre 450 y 550 bolos, y de hecho ya se han vendido muchísimas. Con esa plata, y asumiendo que se quiera tomar Vodka, me compro dos litros de Grey Goose, considerado entre los mejores Vodkas del mundo y por mérito propio (no porque lo tome algún artista). Me da risa la manera en que algunos vendedores describen el Nuvo: “la bebida del momento”, “sé parte del selecto mundo Nuvo; más que una bebida, un estilo de vida”, (acá tomé una pausa para reírme; no pude evitarlo luego de leer semejante estupidez). “Nuvo deslumbrará tus papilas gustativas y deleitará tu paladar”, ¡Por favor! Ni el vendedor se lo creyó. No pude evitar probar la bendita Nuvo (o el bendito Nuvo, ¡no sé!), para ver cuál era la bulla; les diré que sabe a ENO de fresa, pero con alcohol; también se podría comparar con un Alka Seltzer pero saborizado. Lo más increíble de todo, es el efecto placebo que se encuentra presente en este fenómeno; una vez (y estoy seguro que ustedes tienen historias similares) intercambiaron el contenido de un Whisky 21 años con el de uno que no llegaba ni a las dos semanas; se lo dieron a un supuesto catador de alto paladar y sencillamente dijo “exquisito”, creyendo haber tomado el veintiuno y no el otro. Lo mismo pasará con el Nuvo; cualquiera que lo compre y con la sicología actual que están metiendo respecto a la bebida, sentirá que está saboreando la gloria eterna.
Otro detalle interesante que he notado, es que la bebida es más buscada por hombres que mujeres; paradójicamente, es una bebida hecha para mujeres, ya que incluso la botella decía “For Her” (para ella) pero fue removido recientemente de la misma.
Una chama me dijo “o sea, Nuvo es la bebida oficial de Wisin & Yandel, ¿ok? Eso es lo que ellos toman, por eso yo la tomo” ¡Ya va! ¿No debería ser al revés? Es una razón de peso para ni ponerle el ojo a la botella; ¿qué gusto pueden tener esos señores? Faltó que la chama me dijera que si ellos si tiran por un barranco (clásico ejemplo que nos enseñan desde que estamos pequeños) ella también.
Yo estoy seguro que esta muchacha no llegaría a distinguir entre Nuvo y Glacial de frutas. Si agarran una botella vacía de Nuvo, mezclan cualquier vodka barato, Tang o Zuko de fresa, y una soda, seguramente los amarán por siempre.
¡Otra cosa! El Nuvo es una bebida que fue hecha para ser ingerida solita, con hielo. Acá he visto toda clase de calamidades, desde mezclarla con jugo de naranja o fruit punch, hasta echarle granadina o combinarla con ron para algún “cóctel”. La peor de todas y que a su vez da a la persona una sensación de estar por encima de todos los demás: Nuvo con Monster Energy, ¡Fatal! (Una maravilla para quien lo consume, claro).


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